De aquí y de allá
El escenario parlamentario de Venezuela está desdibujado, partido en tres partes en donde el debate, esencia misma de un Poder Legislativo, es inexistente.
Tres escenarios en donde se refleja la desintitucionalización del país y donde, por la fuerza de los hechos, se impone la voluntad de quienes ostentan el control del territorio, de la burocracia del Estado, apalancados en la Fuerza Armada.
Así hay tres divinas personas que no puede fundirse en un único Dios verdadero, como enseña la tradición cristiana. Por el contrario, generan una enorme dispersión en los hijos de Dios que viven en este territorio llamado Venezuela.
El paisaje está marcado y sobresalen tres nombres: Juan Guaidó, Diosdado Cabello y Luis Parra.
En esta esquina (A control remoto)
Juan Guaidó con un grupo de 100 diputados, que ha trabajado en justificar mediáticamente su existencia y asistencia a las sesiones que preside, se asume como presidente de la Asamblea Nacional, reelecto.
Infructuosamente ha tratado de recuperar el espacio tradicional de funcionamiento del Poder Legislativo y ha sido repelido por la fuerzas del orden público que están bajo las órdenes del Gobierno Nacional que controla Nicolás Maduro.
Los llamados Colectivos del chavismo, que funcionan como una especie de aparato alternativo de amedrentamiento a los opositores, también ponen su grano de arena para mantener a Guaidó lejos del centro de Caracas.
El espacio lo ocupan parlamentarios disidentes de la oposición y la bancada del Psuv con sus aliados. Este grupo nombró como presidente a Luis Parra, quien ganó su curul en las elecciones parlamentarias pasadas levantando consignas contra el chavismo desde el partido Primero Justicia.
Guaidó tuvo que hacer maletas y tomar a su mayoría opositora y habilitar espacios fuera del Palacio Federal Legislativo y llamar al parlamentarismo de calle.
Así ha paseado desde la sede del diario El Nacional, el Anfiteatro de El Hatillo, la Plaza Bolívar de Chacao o el teatro de San Antonio de los Altos.
El trabajo político más importante que se han trazado es demostrar que tienen el quórum suficiente para sesionar.
Al comenzar la sesiones se debaten propuestas de ley que no se hacen efectivas. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que no es reconocido por la Asamblea mayoritaria, impide su ejecución, mientras ellos cubren los protocolos de funcionamiento con la intención de que quede constancia del funcionamiento.
La idea es cumplir con las actuaciones de rigor para que cuando cese la usurpación de los poderes públicos”, esté listo el andamiaje legal que sustente el cabio político emiten documentos como si se encontraran en la sede de la AN.
¿Debate? Para nada. En esta instancia todos están de acuerdo igual que el chavismo en la Asamblea Nacional Constituyente
Su gran arma es el reconocimiento internacional que posee. Es reconocido como el parlamento legítimo por casi 60 países, que también asumen a Juan Guaidó como mantadatrio interino de de Venezuela.
¿El problema? Su gestión no se refleja en las soluciones urgentes que requieren los venezolanos respecto al los temas económicos y sociales que lo agobian.
En la otra esquina
Si Guaidó está fuera del Hemiciclo, Diosdado Cabello está instalado en el espacio tradicional del Poder Legislativo.
Desde allí funciona la Asamblea Nacional Constituyente. Roja rojita, como la Pdvsa de Rafael Ramírez.
No tiene el reconocimiento de las poderosas naciones del Grupo de los 7, que ven el Guaidó y su grupo del parlamento como el equipo legítimo de Gobierno, pero de hecho impone las reglas de juego, incluso a Maduro, porque es “plenipotenciaria y supra constitucional”.
Desde allí se legisla, el Presidente rinde cuentas y determina si se allana la inmunidad de algún parlamentario.
Tampoco se debate. Aquí todos están de acuerdo en que el enemigo es «el imperialismo» y quienes no están allí son sus «lacayos y cipayos».
Las leyes que se aprueban y los decretos constituyentes se publican de manera irregular y se le cuestiona que no haya claridad en el trabajo de la reforma o redacción de una nueva Constitución, que es en esencia el objetivo de una Asamblea Constituyente.
Ante este cuestionamiento el chavismo se defiente y argumenta que la ANC tiene una nueva misión: “Darle paz al país y eso lo hemos logrado”, sentenció en su momento el constituyente Alberto Aranguibel.
¿Quién es el tercero?
Y el tercero en discordia es un grupo complicado de definir.
Son opositores, apoyados por el chavismo, lo que suena anti natura.
Incluso son apoyados por algunos constituyentes que se incorporaron por haber sido electos como diputados. Eso fue parte de un acuerdo, incluso con Guaidó y su gente.
Allí destacan las figuras de Luis Parra, quien se salió de la línea del partido Primero Justicia y José Brito de Voluntad Popular.
Ninguno de los dos es aceptado en su partidos de origen y los consideran traidores. Señalan que fueron alcanzados por lo que fue llamada “La Operación Alacrán”, que presuntamente lideró un operador político del chavismo: David De Lima.
Estos diputados son acusados por la oposición mayoritaria de corruptos y de haber recibido dinero para dividir a “la verdadera oposición al régimen”
Parra es reconocido por Maduro, por la ANC y los medios del Estado le dan tribuna y cobertura a sus intervenciones.
Lo consideran opositor y Parra se esmera es decir que está confrontando al “régimen autoritario y corrupto”, si embargo acota que para salir de la crisis hay que negociar con tienen fácticamente tienen el poder.
Parra y su AN se mueve a contramano de Guaidó y se esmera en hacer ver que tienen una asistencia suficiente para tener legitimidad. Sin embargo, ni con el apoyo de los medios oficiales han logrado dar una prueba incontrovertible del quorum parlamentario.
En este caos se mueve el parlamento venezolano. Las luces del show político se concentran sobre esta pelea, mientras los problemas cotidianos de los venezolanos no consiguen canalizarse y la gente sigue a la espera.