¿Por qué Maduro se viste de militar?

De aquí y de allá

Venezuela está en medio del tablero global, e medio de lo que parece un forcejeo de la guerra fría pero de nuevo cuño, y en ese escenario Nicolás Maduro afina la puntería en su discurso hacia los militares y hasta trata de mimetizarse con ellos.

Hace pocos días, Maduro, el ala civil del chavismo, el heredero de Chávez que tenía la misión de darle la visión ciudadana de quienes habían militado en los partidos y habían desempeñado luchas sociales desde el sindicato, la dirigencia estudiantil, se vistió de verde oliva, con una chaqueta que hace alegoría al uniforme de los soldados venezolanos.

El diseño del atuendo mira hacia las chaquetas que usaba Fidel Castro probablemente pensadas por el tamaño de Maduro que recuerda al líder de la Sierra Maestra, aunque algunas fuentes indican que ya era un diseño pensado para Hugo Chávez en 2008.

La ley de la Fanb fue modificada y se estableció que el comandante en jefe podía tener su propio uniforme para la ocasión que así lo requiriese de allí que esto no es contradictorio con la normativa legal como pudiese pensarse.

Pero… por qué ahora.

Maduro sacude su guardarropa o pone a corre a los costureros de palacio y hay que recordar que fue hace casi un año que Juan Guaidó, se plantó con unos militares en la inmediaciones de La carlota exigiendo una reacción en cadena de la FANB para derrocarlo.

«Tiene que ver con un cambio en la retórica en la narrativa a efectos de presentarse como una persona que esta dispuesta a ir a la guerra o que simplemente está preparado para ir a la guerra, tanto en actitud defensiva como ofensiva», aseguró Sergio Ramírez en una nota que publicó la agencia de noticias Efe hace unos días.

Desde ese día Nicolas Maduro redobló sus esfuerzos para tratar meterse en el mundo militar. Lo vimos haciendo ejercicios, corriendo con sus generales, desplegado en los simulacros de agresión que ahora serán permanentes.

Luego de las declaraciones de Trump en el mensaje del Estado de la Unión, el más importante de un Presidente de los Estados Unidos – con Guaidó como invitado especial- necesita enviar un mensaje inequívoco a los suyos: Yo estoy preparado para guerra.

El discurso sube de tono. Cada vez hay más alusiones al tema militar, a la preparación que se tiene.

La arenga hacia la base dura del chavismo, que aun erosionada por la mala gestión está alrededor del 10%, no cesa y trata de construir una épica de resistencia heroica que pueda cohesionarla.

El discurso dele enemigo externo y los traidores locales busca apalancar el sentimiento corporativo que tiene la FANB.

Estos simulacros fueron con mayor aspaviento. Vimos Remigio Ceballos, Jefe del Estado Mayor del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional, en cámara disparando como muestra de que “aquí se sabe lo que se hace”.

También se incluyeron en los recientes ejercicios militares el lanzamiento de municiones, incluidos misiles tierra-tierra o tierra-aire

El despliegue apunta mostrar que se está preparado para un guerra irregular pero con pertrechos y con gente capacitada para dar la cara detrás del armamento.

Este discurso se complementa con la constante afirmación que hace el número dos del partido de Gobierno Diosdado Cabello: “Podrán entrar, pero van salir en una bolsa plástica”.

Vladimir Padrino, el ministro de la Defensa ya conoce y ha manejado el concepto de guerra popular prolongada de la jerga maoísta, en anteriores oportunidades.

¿A quien va el discurso?

Ciertamente nadie quiere correr el riesgo de poner su vida en peligro, pero hay circunstancias que hacen a los hombres trasponer esos límites.

Maduro ha sostenido “no queremos violencia, queremos el diálogo y la paz”. Sin embargo acota inmediatamente. “No le tenemos miedo a combatir con las armas en la mano para defender la paz, la integridad territorial y el futuro de Venezuela”. “Somos una revolución pacífica pero armada”.

Y así construye un mensaje de poder y por eso llegó la hora de vestirse de verde oliva para mostrar la disposición al combate a través de la simbología y no solo de la palabra.

Esto además busca la empatía de los hombres de armas que mantienen en el país un espíritu de cuerpo, de  defensa de la soberanía y el virulento discurso de Trump  y de sus funcionarios los hace cohesionarse en ese principio de defender la integridad territorial.

El simbolismo del uniforme tiene la finalidad de enviar el mensaje al país “la Fuerza Armado está conmigo y soy uno de ellos”. La idea es transmitir la idea de estar avalado y protegido por “el pueblo uniformado y que tiene las armas de la República”.

Finalmente también busca transmitir un mensaje disuasivo a quienes pretenden “enamorar” a los militares para generar un cambio político.

Parlamento venezolano se divide en “tres divinas personas” sin un Dios

De aquí y de allá

El escenario parlamentario de Venezuela está desdibujado, partido en tres partes en donde el debate, esencia misma de un Poder Legislativo, es inexistente.

Tres escenarios en donde se refleja la desintitucionalización del país y donde, por la fuerza de los hechos, se impone la voluntad de quienes ostentan el control del territorio, de la burocracia del Estado, apalancados en la Fuerza Armada.

Así hay tres divinas personas que no puede fundirse en un único Dios verdadero, como enseña la tradición cristiana. Por el contrario, generan una enorme dispersión en los hijos de Dios que viven en este territorio llamado Venezuela.

El paisaje está marcado y sobresalen tres nombres: Juan Guaidó, Diosdado Cabello y Luis Parra.

En esta esquina (A control remoto)

Juan Guaidó con un grupo de 100 diputados, que ha trabajado en justificar mediáticamente su existencia y asistencia a las sesiones que preside, se asume como presidente de la Asamblea Nacional, reelecto.

Infructuosamente ha tratado de recuperar el espacio tradicional de funcionamiento del Poder Legislativo y ha sido repelido por la fuerzas del orden público que están bajo las órdenes del Gobierno Nacional que controla Nicolás Maduro.

Los llamados Colectivos del chavismo, que funcionan como una especie de aparato alternativo de amedrentamiento a los opositores, también ponen su grano de arena para mantener a Guaidó lejos del centro de Caracas.

El espacio lo ocupan parlamentarios disidentes de la oposición y la bancada del Psuv con sus aliados. Este grupo nombró como presidente a Luis Parra, quien ganó su curul en las elecciones parlamentarias pasadas levantando consignas contra el chavismo desde el partido Primero Justicia.

Guaidó tuvo que hacer maletas y tomar a su mayoría opositora y habilitar espacios fuera del Palacio Federal Legislativo y llamar al parlamentarismo de calle.

Así ha paseado desde la sede del diario El Nacional,  el Anfiteatro de El Hatillo, la Plaza Bolívar de Chacao o el teatro de San Antonio de los Altos.

El trabajo político más importante que se han trazado es demostrar que tienen el quórum suficiente para sesionar.


Al comenzar la sesiones se debaten propuestas de ley que no se hacen efectivas. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que no es reconocido por la Asamblea mayoritaria, impide su ejecución, mientras ellos cubren los protocolos de funcionamiento con la intención de que quede constancia del funcionamiento.

La idea es cumplir con las actuaciones de rigor para que cuando cese la usurpación de los poderes públicos”, esté listo el andamiaje legal que sustente el cabio político emiten documentos como si se encontraran en la sede de la AN.

¿Debate? Para nada. En esta instancia todos están de acuerdo igual que el chavismo en la Asamblea Nacional Constituyente

Su gran arma es el reconocimiento internacional que posee. Es reconocido como el parlamento legítimo por casi 60 países, que también asumen a Juan Guaidó como mantadatrio interino de de Venezuela.

¿El problema?  Su gestión no se refleja en las soluciones urgentes que requieren los venezolanos respecto al los temas económicos y sociales que lo agobian.

En la otra esquina

Si Guaidó está fuera del Hemiciclo, Diosdado Cabello está instalado en el espacio tradicional del Poder Legislativo.

Desde allí funciona la Asamblea Nacional Constituyente. Roja rojita, como la Pdvsa de Rafael Ramírez.

No tiene el reconocimiento de las poderosas naciones del Grupo de los 7, que ven el Guaidó y su grupo del parlamento como el equipo legítimo de Gobierno, pero de hecho impone las reglas de juego, incluso a Maduro, porque es “plenipotenciaria y supra constitucional”.

Desde allí se legisla, el Presidente rinde cuentas y determina si se allana la inmunidad de algún parlamentario.


Tampoco se debate. Aquí todos están de acuerdo en que el enemigo es «el imperialismo» y quienes no están allí son sus «lacayos y cipayos».


Las leyes que se aprueban y los decretos constituyentes se publican de manera irregular y se le cuestiona que no haya claridad en el trabajo de la reforma o redacción de una nueva Constitución, que es en esencia el objetivo de una Asamblea Constituyente.

Ante este cuestionamiento el chavismo se defiente y argumenta que la ANC tiene una nueva misión: “Darle paz al país y eso lo hemos logrado”, sentenció en su momento el constituyente  Alberto Aranguibel.

¿Quién es el tercero?

Y el tercero en discordia es un grupo complicado de definir.

Son opositores, apoyados por el chavismo, lo que suena anti natura.

Incluso son apoyados por algunos constituyentes que se incorporaron por haber sido electos como diputados. Eso fue parte de un acuerdo, incluso con Guaidó y su gente.

Allí destacan las figuras de Luis Parra, quien se salió de la línea del partido Primero Justicia y José Brito de Voluntad Popular.

Ninguno de los dos es aceptado en su partidos de origen y los consideran traidores. Señalan que fueron alcanzados por lo que fue llamada “La Operación Alacrán”, que presuntamente lideró un operador político del chavismo: David De Lima.

Estos diputados son acusados por la oposición mayoritaria de corruptos y de haber recibido dinero para dividir a “la verdadera oposición al régimen”

Parra es reconocido por Maduro, por la ANC y los medios del Estado le dan tribuna y cobertura a sus intervenciones.

Lo consideran opositor y Parra se esmera es decir que está confrontando al “régimen autoritario y corrupto”, si embargo acota que para salir de la crisis hay que negociar con tienen fácticamente tienen el poder.

Parra y su AN se mueve a contramano de Guaidó y se esmera en hacer ver que tienen una asistencia suficiente para tener legitimidad. Sin embargo, ni con el apoyo de los medios oficiales han logrado dar una prueba incontrovertible del quorum parlamentario.

En este caos se mueve el parlamento venezolano. Las luces del show político se concentran sobre esta pelea, mientras los problemas cotidianos de los venezolanos no consiguen canalizarse y la gente sigue a la espera.