El reto que tiene Guaidó el 10 de marzo

De aquí y de allá

El llamado a marchar hacia el Palacio Federal Legislativo por parte de la Oposición liderada por Juan Guaidó tiene el reto de desenmohecer la calle y comenzar a dar demostraciones de liderazgo interno.

Esto parece ser el paso que termine de respaldar la tarea cumplida en la gira internacional que realizó hace un mes y puso en evidencia el respaldo de los países más poderosos de occidente.

El Grupo de los 7, con la excepción de Italia respalda y reconoce a Guaidó como presidente interino de Venezuela, lo que hace que el trabajo hacia la cara externa parezca completado.

Le toca jugar a Guaidó tras que Trump haya dicho en el discurso de más importante de un presidente de los Estados Unidos que tenía como meta «aplastar» la «tiranía» del presidente socialista Nicolás Maduro.

Esta acción de líder de la Oposición es vista la carta que toca jugar a lo interno para lograr activar la presión que obligue, a lo que los politólogos llama la coalición dominante, reaccione y decida negoaciar.

La demostración de fuerza es indispensable para detener la caída en la encuestas.

Guaidó tiene a su favor un entorno económico y social de descontento generalizado, incluso hacia lo interno del chavismo, pero esto debe ser refrendado con una demostración de fuerza “en el terreno”.

Debe tratar de reeditar las manifestaciones que le dieron la popularidad el año pasado cuando se proclamó de cómo presidente interino y planteo lo que se ha denominado el mantra: Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

El “punch” de Guaidó fue disminuyendo al no cumplirse el ofrecimiento de corto plazo de nuevas elecciones sin Maduro. A 2019, la popularidad de Guaidó cayó de 63% a 38,9%, según la encuestadora Datanálisis.

El politólogo Ricardo Sucre sostiene que al no sacar rápidamente a Maduro, a gente no se involucra “porque se le dijo una cosa y no se consiguió».

Contra Guaidó atenta la poca visibilidad de Guaidó, reconoce Sucre, porque la convocatoria de cómo la marcha de mañana se hacen por redes sociales y no tienen cabida en los medios privados ni qué decir en la televisión estatal.

A favor

El descontento con la situación económica y social crea un caldo de cultivo para generar un reacción de cuestionamiento a la gestión del Gobierno de Maduro que controla la Fuerza Armada, el territorio y la burocracia estatal.

Distintos gremios se han sumado a la convocatoria. Estudiantes, enfermeras, médicos, trabajadores del sector educación han llamado a sumarse a la protesta que plantea llevar un pliego conflictivo de los problemas más agudos que tiene la sociedad venezolana.

Esta es la tarea interna que realiza la Oposición, mientras recibe nuevamente el respaldo de Estados Unidos al ser público y notorios los encuentros de Donald Trump con los jefes de Estado de Colombia y Brasil, precisamente para hablar de Venezuela.

El sábado en una reunión con el sector sindical Guaidó dijo: «No hay más que esperar. Es momento de acción. Hemos construido mayoría. Esa mayoría hay que consolidarla para enfrentar a esa dictadura que hoy solo domina el terror».

Guaidó dijo que todos deben salir a la calle para «liberar a Venezuela».

Se muestra alerta ante lo que puede hacer el chavismo como respuesta a la manifestación, puesto que ya llamó movilización para el mismo día y con el mismo destino.

Mañana hay nueva medición de fuerzas, en las que Guaidó está en desventaja ante la poderosa maquinaria del Estado puesta al servicio del partido de Gobierno. Además también tiene en contra, la no menos poderosa la estructura de amedrentamiento que lideran civiles armados.

Guaidó tiene el reto y parece decidido a superarlo. Hay que esperar por os acontecimientos

¿Por qué Maduro se viste de militar?

De aquí y de allá

Venezuela está en medio del tablero global, e medio de lo que parece un forcejeo de la guerra fría pero de nuevo cuño, y en ese escenario Nicolás Maduro afina la puntería en su discurso hacia los militares y hasta trata de mimetizarse con ellos.

Hace pocos días, Maduro, el ala civil del chavismo, el heredero de Chávez que tenía la misión de darle la visión ciudadana de quienes habían militado en los partidos y habían desempeñado luchas sociales desde el sindicato, la dirigencia estudiantil, se vistió de verde oliva, con una chaqueta que hace alegoría al uniforme de los soldados venezolanos.

El diseño del atuendo mira hacia las chaquetas que usaba Fidel Castro probablemente pensadas por el tamaño de Maduro que recuerda al líder de la Sierra Maestra, aunque algunas fuentes indican que ya era un diseño pensado para Hugo Chávez en 2008.

La ley de la Fanb fue modificada y se estableció que el comandante en jefe podía tener su propio uniforme para la ocasión que así lo requiriese de allí que esto no es contradictorio con la normativa legal como pudiese pensarse.

Pero… por qué ahora.

Maduro sacude su guardarropa o pone a corre a los costureros de palacio y hay que recordar que fue hace casi un año que Juan Guaidó, se plantó con unos militares en la inmediaciones de La carlota exigiendo una reacción en cadena de la FANB para derrocarlo.

«Tiene que ver con un cambio en la retórica en la narrativa a efectos de presentarse como una persona que esta dispuesta a ir a la guerra o que simplemente está preparado para ir a la guerra, tanto en actitud defensiva como ofensiva», aseguró Sergio Ramírez en una nota que publicó la agencia de noticias Efe hace unos días.

Desde ese día Nicolas Maduro redobló sus esfuerzos para tratar meterse en el mundo militar. Lo vimos haciendo ejercicios, corriendo con sus generales, desplegado en los simulacros de agresión que ahora serán permanentes.

Luego de las declaraciones de Trump en el mensaje del Estado de la Unión, el más importante de un Presidente de los Estados Unidos – con Guaidó como invitado especial- necesita enviar un mensaje inequívoco a los suyos: Yo estoy preparado para guerra.

El discurso sube de tono. Cada vez hay más alusiones al tema militar, a la preparación que se tiene.

La arenga hacia la base dura del chavismo, que aun erosionada por la mala gestión está alrededor del 10%, no cesa y trata de construir una épica de resistencia heroica que pueda cohesionarla.

El discurso dele enemigo externo y los traidores locales busca apalancar el sentimiento corporativo que tiene la FANB.

Estos simulacros fueron con mayor aspaviento. Vimos Remigio Ceballos, Jefe del Estado Mayor del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional, en cámara disparando como muestra de que “aquí se sabe lo que se hace”.

También se incluyeron en los recientes ejercicios militares el lanzamiento de municiones, incluidos misiles tierra-tierra o tierra-aire

El despliegue apunta mostrar que se está preparado para un guerra irregular pero con pertrechos y con gente capacitada para dar la cara detrás del armamento.

Este discurso se complementa con la constante afirmación que hace el número dos del partido de Gobierno Diosdado Cabello: “Podrán entrar, pero van salir en una bolsa plástica”.

Vladimir Padrino, el ministro de la Defensa ya conoce y ha manejado el concepto de guerra popular prolongada de la jerga maoísta, en anteriores oportunidades.

¿A quien va el discurso?

Ciertamente nadie quiere correr el riesgo de poner su vida en peligro, pero hay circunstancias que hacen a los hombres trasponer esos límites.

Maduro ha sostenido “no queremos violencia, queremos el diálogo y la paz”. Sin embargo acota inmediatamente. “No le tenemos miedo a combatir con las armas en la mano para defender la paz, la integridad territorial y el futuro de Venezuela”. “Somos una revolución pacífica pero armada”.

Y así construye un mensaje de poder y por eso llegó la hora de vestirse de verde oliva para mostrar la disposición al combate a través de la simbología y no solo de la palabra.

Esto además busca la empatía de los hombres de armas que mantienen en el país un espíritu de cuerpo, de  defensa de la soberanía y el virulento discurso de Trump  y de sus funcionarios los hace cohesionarse en ese principio de defender la integridad territorial.

El simbolismo del uniforme tiene la finalidad de enviar el mensaje al país “la Fuerza Armado está conmigo y soy uno de ellos”. La idea es transmitir la idea de estar avalado y protegido por “el pueblo uniformado y que tiene las armas de la República”.

Finalmente también busca transmitir un mensaje disuasivo a quienes pretenden “enamorar” a los militares para generar un cambio político.